Louisa desarrolló el síndrome de Kleine–Levin, conocido como La Bella Durmiente, que le impide estar despierta, llegando a tener días de sueño, caminar sonámbula, y hasta habla sin despertar.
Se quedaba dormida en el colegio, balbuceaba palabras sin sentido, explica la madre. La enfermedad se fue incrementando, sobre finales de 2008 dormía 22 horas sin parar, la despertaban para que comiera y haga sus necesidades, pero todo al final se tornó insoportable por lo que la llevaron al hospital local, en Worthing, Inglaterra.
Su padre, Richard dijo que después de dormir una semana o más, se despertaba y no podía acordarse de nada, parecía sonámbula.
Ball fue derivada al hospital de San Jorge, donde los médicos intentaron explicar su enfermedad al relacionar el síndrome con el mal funcionamiento del hipotálamo. Louisa Ball ha logrado normalizar a partir de la medicación, logrando ser normal durante la última semana.
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